MIS RECUERDOS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA BIBLIOTECA UNIVERSITARIA COLOMBIANA Y EL DESARROLLO DE LA BIBLIOTECOLOGIA EN COLOMBIA
Por: José Arias Ordóñez
EL COMIENZO
Debo admitir que cuando accedí a estudiar bibliotecología para mi esta era una profesión desconocida, mi primera relación conceptual con ella fue ligarla al libro, la lectura, la literatura y con el hombre culto. Quienes llegamos en los años 60 al “Castillo de los Botero”, en el barrio Buenos Aires de Medellín, lugar que ocupaba la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, nos constituimos de hecho en pioneros de una nueva profesión para el país; percibimos que el compromiso no terminaba con asimilar los fundamentos científicos y técnicos y recibir el título, sino en crear, proponer y desarrollar los mejores argumentos y el ambiente profesional más eficiente y eficaz para ejercerla y proyectarla a nuestra sociedad, dado que esta era, por la época, una actividad que se ejercía sin titulo profesional y sin ninguna reglamentación que la amparará.
Afortunadamente fuimos muchos los que entendimos la misión profesional de trasmitir y poner en práctica el conocimiento que nos había sido otorgado. Fue un reto que tomamos muy en serio y que fue despertando un inmenso amor por la profesión. Felizmente tuvimos la capacidad de ver como ella tenia un amplio panorama en todas las actividades de la nación y que era necesario estructurarla, organizarla para que fuera permeando gradualmente cada una de las actividades y esferas de la vida nacional.
EL EJERCICIO DE LA PROFESIÓN
Personalmente estimo, que la formación integral que recibimos en la EIB en la década de los sesenta, nos permitió ver la biblioteca como una organización sistémica en si misma y como parte integral de un sistema social global. Esta visión nos proporcionó las bases para planear, en el país y en América Latina, los sistemas y las redes de bibliotecas; conceptos que fueron asumidos por el Estado colombiano y por el de otros países, como una estrategia para proyectar inicialmente, las redes de bibliotecas universitarias y escolares y más adelante los sistemas nacionales de información.
Esta visión, y los logros alcanzados a través de las ejecutorias de una sólida red de bibliotecas universitarias colombiana, nos brindo la oportunidad de ser actores en reuniones y trabajos decisivos que definieron la política de bibliotecas e información a nivel global, en organismos como UNESCO, OEA, Library of Congress, FID, ISO e IFLA. Fue en estas reuniones donde se definieron temas cruciales como el sistema mundial de información, el control bibliográfico universal, la descripción bibliográfica, los derechos de autor, la infraestructura de sistemas de información, el formato MARC, la información científica al servicio del desarrollo. Fueron estas decisiones las que proyectaron desde los años 80 a nivel global, el concepto de la información como recurso estratégico, y que hoy ha dado paso, a la denominada sociedad de la información y del conocimiento.
Como producto de ese liderazgo en Colombia y América Latina, en la décadas de los 70 y 80, se nos abrieron puertas para alcanzar significativos logros internacionales, tales como la Vicepresidencia del Congreso Internacional de Bibliografías Nacionales en París, 1977; la conserjería mundial de la FID en el período 1977-1980; la presidencia de FID/CLA para el período 1977-1980 y la sede para Colombia de un Congreso internacional de FID en Bogotá, 1973.
LA BIBIBLIOTECA UNIVERSITARIA COLOMBIANA
Personalmente me correspondió, por cuestiones del destino, ejercer profesionalmente a favor de las bibliotecas universitarias, en un cargo de dirección, en el Instituto Colombiano de Educación Superior –ICFES-. Esta institución era el sitio natural para cumplir una formidable tarea, dado que el ICFES, como el máximo órgano del Estado para la educación superior, ofrecía un amplio panorama de trabajo con las universidades, desde donde se podía proyectar la profesión y luchar por alcanzar un liderazgo nacional e internacional. Gracias a la labor de un puñado de profesionales que me acompañaron desde el ICFES y desde las propias universidades, se creo una sólida organización sistémica que aglutinó las bibliotecas universitarias, perfeccionando las que ya existían y creándolas, desde sus cimientos, donde aun no habían surgido; la biblioteca paso a ocupar un sitial de preferencia en la universidad, fue reconocida abiertamente como un componente académico y pasó a ser parte del compromiso de la universidad para mostrar ante el Estado colombiano su calidad y solvencia académica.
Fue una tarea que corrió paralela al desarrollo de la universidad colombiana. Es necesario tener presente que el gran impulso de la universidad en Colombia se dio a mediados de la década de 1950 cuando se crea en 1954, el Fondo Universitario Nacional – FUN - y en 1957, cuando por iniciativa del doctor Jaime Posada, se crea la Asociación Colombiana de Universidades, ASCUN.
Desde entonces las dos instituciones y las universidades de la época, se propusieron trabajar para lograr el desarrollo de la universidad colombiana. Dentro de estos esfuerzos conjuntos, en 1966, se creo el “Grupo de Trabajo para Bibliotecas Universitarias”, como órgano asesor y consultivo y en 1968, el Consejo Nacional de Rectores, cambio el nombre del Grupo, al de “Consejo Nacional de Servicios Bibliotecarios” y a renglón seguido, aprobó el primer “Plan General de Desarrollo para las Bibliotecas Universitarias”, estando ya en el Fondo un egresado de la Escuela, nuestro colega Octavio Rojas León.
A finales de 1968 desaparece la unión FUN-ASCUN, creándose el ICFES, al cual se le asigna el apoyo académico y técnico de las instituciones de educación superior. Desde el desarrollo de sus primeros programas se le brinda importancia a las bibliotecas universitarias, reconociendo que ellas fortalecen la calidad de la enseñanza y aportan a la investigación, convirtiéndose en una herramienta indispensable en la tarea formativa que imparten los centros de educación.
En 1971 creamos, con un grupo de bibliotecólogos la “Red Nacional de Bibliotecas Universitarias”, que nace apoyada en los esfuerzos anteriores y da origen a una época de gran desarrollo de estas bibliotecas en el país y en la cual participan todas las universidades, fortaleciendo la profesión y levantando un liderazgo nacional e internacional. La red se inicia con el programa del Catálogo Colectivo Nacional de Publicaciones Seriadas. La Red en aquel entonces, y lo fue hasta 1978, una organización Informal que fundamentaba su funcionamiento en una acción cooperativa para producir herramientas bibliográficas, que a la postre se convirtieron en importantes bancos y bases de datos de información.
Fueron producto de este trabajo colectivo, entre las universidades y el ICFES, programas nacionales como los siguientes: el Catálogo Colectivo Nacional de Publicaciones Seriadas; el Catálogo Colectivo Nacional de Tesis; el Banco Nacional de Analíticas; las bibliografías retrospectivas por áreas del conocimiento; el Banco de Terminología, que da origen a la ‘Listas de Encabezamientos de Materia para Bibliotecas-LEMB; La Normalización de la Documentación, ISO/ICONTEC; el proyecto Diseminación de la Información en el Sector Educativo, ICFES, y el Sistema de Información y Documentación para le Educación Superior SIDES.
Las universidades, en la mayoría de los casos con el apoyo del ICFES, dieron respuesta a nuestros esfuerzos, construyendo bibliotecas que respondían arquitectónicamente a las especificaciones de este tipo de edificios abandonando las viejas edificaciones adaptadas para el funcionamiento de ellas; se hicieron grandes inversiones en colecciones de libros y revistas y demás recursos documentales; se le dio estatus académico a la biblioteca en la estructura de la universidad y se fueron incorporando progresivamente a las plantas de personal, los bibliotecólogos egresados de los programas de bibliotecología del país y en muchos casos se interesaron en que sus profesionales participarán en programas de postgrado en el exterior.
Pero quizás el logro más importante de la Red es haber creado un estilo de trabajo colectivo, sin apetitos de remuneración y de culto personal, en donde la fuerza conjunta de personas, profesionales de la información y unidades de Información, dio origen a importantes realizaciones, como las ya mencionadas anteriormente; con ello creció la capacitación y formación de personal al interior del Sistema, impartiendo sus conocimiento quienes más sabían y quienes tenían mayores posibilidades institucionales de contribuir al mejoramiento del talento humano de la región o de otras regiones del país; los productos del Sistema no se consideraron patrimonio de la institución sino de la comunidad nacional, el culto institucional fue poco a poco suplantado por el concepto del bien común y de servicio al interior del Sistema.
Otra muestra de ese espíritu de trabajo cooperativo, es el hecho de que profesionales de diferentes regiones del país hubieran iniciado los primeros programas de catalogación cooperativa, de intercambio de fotocopias, de servicios de búsqueda de información, de asesoría y asistencia técnica interinstitucional y de recopilación de bibliografías, catálogos regionales y de la memoria institucional y de la región.
Como anteriormente se mencionó el Sistema de Información y Documentación para la Educación Superior, SIDES, fue uno de los programas de la Red de Bibliotecas Universitarias, responsable del fomento, acceso y disponibilidad de la información para el Sistema de Educación Superior en el país, el cual tenía como nodo central la Hemeroteca Nacional Universitaria en Ciencia y Tecnología. El sistema y la hemeroteca fue el producto de un cuidadoso estudio en el cual participaron las bibliotecas universitarias y el Banco Interamericano de Desarrollo –BID- quien a la postre financio su construcción y desarrollo.
La Hemeroteca era el medio para que la Red y el SIDES promovieran la racionalización en la adquisición de las publicaciones periódicas en el país, con el fin de aumentar el número de títulos disponibles a nivel nacional y la calidad de las mismas. La Hemeroteca tenía aquellos títulos, en las áreas de las ciencias básicas y de las tecnologías, que no tenían las universidades, o sea, que las colecciones de la Hemeroteca eran un complemento de las colecciones de las bibliotecas universitarias y no un sustituto de ellas.
Como parte de este programa las bibliotecas universitarias y nodos del sistema recibieron equipos de computación y de telecomunicaciones para cumplir con un propósito muy específico: crear una red de información al interior de cada universidad y conectarse a nivel nacional e Internacional para compartir información y recursos documentales.
Los nuevos tiempos de las bibliotecas universitarias los podemos enmarcar en lo que ha sucedido en los últimos quince años, que en mi concepto ha sido una época de grandes cambios para las bibliotecas gracias al acelerado progreso de las TICs, a la disminución de los costos de los equipos y fundamentalmente al vertiginoso avance de las telecomunicaciones. En este progreso la Internet se convirtió en la mejor plataforma para nuestras bibliotecas, teniendo en cuenta que los portales les permitieron poner sus bases de datos y servicios al alcance de sus usuarios y con ello se revaluaron muchos conceptos y en otros casos, este medio permitió darle celeridad a servicios que antes estaban sometidos a tiempos de correo, fotocopia y el fax.
La tecnología proporcionó nuevos soportes para adquirir el conocimiento, nuestras bibliotecas universitarias de mayor desarrollo ahora son parte del mercado de soportes electrónicos de libros y revistas, con lo cual se ofrecen nuevos y novedosos servicios, alternativas para su uso y se exige igualmente entendimiento y destrezas en su conocimiento y manejo.
Los servicios de referencia e información en las bibliotecas universitarias han cambiado, en ellos las TICS tienen una incidencia más directa sobre el usuario, posibilitando la optimización de tiempo en la búsqueda y acceso a la información al interior de la biblioteca y en el universo del conocimiento, a través de la utilización de redes de información y un uso intensivo de las fuentes de información.
Todos estos cambios han permitido el surgimiento de un nuevo modelo de la administración de la información y del conocimiento, lo cual se hace evidente en las arquitecturas de información que hoy soportan los desarrollos de bibliotecas digitales, a las cuales tienen que llegar nuestras bibliotecas y en los sistemas de recuperación y transferencia de información como los de Internet, los metabuscadores y en los sistemas que la industria de la información ha desarrollado, para poner el conocimiento universal registrado en manos de sus usuarios.
Nuestras bibliotecas universitarias van siguiendo la huella del cambio y de la incorporación de tecnología, unas con paso acelerado, otras con paso lento y algunas todavía en épocas pretéritas. El ICFES ya no brinda el mismo soporte, pero sigue preocupado por las bibliotecas en razón de la calidad de la educación superior, de ahí que hoy se cuente, gracias al trabajo de un grupo de universidades de Bogotá, con los “Estándares Mínimos de Calidad Para Bibliotecas Universitarias”. A su vez, las bibliotecas universitarias, sin tener el mismo soporte del ICFES, han continuado con acciones a nivel local, regional y nacional y como producto de ello hay nuevas redes en pleno desarrollo, en las cuales se observan que practican los principios rectores de la Red, cooperación, nacionalización en la inversión e integración. Con ellos les auguro que alcanzarán sus metas, grandes desarrollos para sus bibliotecas y fortalecerán la profesión.
LAS ENSEÑANZAS
El tiempo y lo realizado fueron los mejores maestros para demostrarme, que sí tenemos amor, convicción y un permanente afán por aprender, cualquiera que sea la actividad en la cual nos desempeñemos, vamos a disfrutar ejerciéndola, vamos a hacerlo bien y los resultados serán los mejores. Pero si a ello le sumamos el hecho que nuestra labor esta regida por una profesión, con un alto sentido social, educativo, científico, tecnológico y cultural, como es nuestro caso, y que ella en todos sus actos contribuye al desarrollo del ser humano, entonces tenemos que decir que hemos sido privilegiados y que con ella hemos colmado todas nuestras expectativas. Por tanto, tengo que declarar que gracias a la formación que recibí en la Escuela, he tenido una vida profesional feliz, llena de grandes satisfacciones y que a fe he sembrado profesionalmente para que las generaciones que nos están relevando hayan encontrado una base sólida para edificar, crecer y transitar sin obstáculos.
Sigo pensando que hemos sido muy afortunados, pertenecemos a una profesión que va de la mano con los grandes cambios de la ciencia y de la tecnología. La gente de nuestra generación ha sido testigo de los más extraordinarios cambios en nuestras vidas producto de las tecnologías y de la influencia de estas en los grandes cambios sociales. Particularmente en nuestra labor profesional los cambios han sido radicales. El advenimiento de las tecnologías de la Información y la Comunicación – TICs- le permitieron a la profesión reformular su visión y misión y ampliar sus ideas, su cobertura, sus propósitos y servicios.
LOS COLEGAS MÁS CERCANOS
Todo lo relatado es producto de un trabajo en el cual han intervenido muchas y muy queridos profesionales, mi deseo es nombrar algunas de ellas, pudiendo caer involuntariamente en la omisión de algunos de ellos, sí esto sucediere, desde ya quiero pedirles perdón por mi mala memoria.
Si me permiten voy a iniciar este rápido recorrido con Luís Floren Lozano un visionario de la profesión, un director magnifico y un enamorado de la bibliografía, con todo lo que ello significaba como trabajo en su tiempo, que nos inculcó principios de vida y de profesión; Gastón Litton, un bibliotecólogo como ninguno, autor de los famosos “Breviarios del Bibliotecario”, que reflejan en su estilo todo el amor que siempre tuvo por su profesión y que siempre quiso transmitirnos. Los dos pilares en la vida de la Escuela y muy cercanos en lo personal a los inicios de mi trabajo profesional.
Hay dos colegas que tuvieron un peso muy importante en mi carrera por el permanente apoyo que recibí de ellas en los momentos en los cuales uno necesita un pilar para sostenerse, la primera muy ligada a la vida de la Escuela y a las bibliotecas en Latinoamérica, pionera de la bibliotecología en el mundo, la señora Marietta Daniels Shepard, quien desde la OEA siempre me brindó su apoyo para los programas la Red de Bibliotecas Universitarias y gracias a ella pudimos concretar muchas de nuestras ideas. Ella nos acompaño en nuestro empeño hasta su prematura muerte en 1984, cuando en compañía de otra muy querida colaboradora nuestra, la bibliotecóloga e inseparable amiga de Marietta, Eleanora Mitchell, se accidentaron en un vehículo fatalmente.
La segunda colega es la doctora Celia Ribeiro Zaher, quien desde la Universidad Federal de Río Janeiro/ IBBD y más tarde desde la UNESCO, me brindó toda su cooperación para cada uno de los programas que emprendíamos desde la Red. Ella fue quien nos facilitó los programas e ingenieros para hacer el primer Catalogo Colectivo Nacional de Publicaciones Periódicas y quien con su apoyo hizo posible la realización por varios años de congresos, reuniones y seminarios de carácter internacional, que tanto enriquecieron a nuestros colegas en su época. Ella felizmente aun esta ejerciendo la profesión con mucho vigor.
Ahora mi deseo es nombrar a un grupo de colegas muy cercanos que fueron mi familia por 18 años en el ICFES y que hicieron posible la Red y sus programas, entre ellos están Bertha Nelly Cardona, Lucy Espinosa Ricardo, Yolanda Campuzano, Luis Eduardo Espinal, Stella Sánchez de Moore, Clemencia de Valderrama y Luz Marina Quiroga. Igualmente fueron parte de este grupo, primero como estudiantes y luego como profesionales, Leonor Santamaría, Lilia Cárdenas de Fernández, Sofía y Marcela Álvarez, Gastón Blanco y su esposa Ángela Fernández, Álvaro Méndez, Norma Córdoba, Dora Susana Rozo, María Eugenia Garzón y Victoria Galofre. Igualmente forman parte de esta familia los directores de la época de las bibliotecas universitarias y de cada uno de los nodos de la red y de los comités regionales de bibliotecas, son muchos, a todos ellos mi reconocimiento.
Finalmente mi reconocimiento a un colega con quien hemos hecho una carrera muy cercana, me refiero a Octavio Rojas León, nos conocimos en la Escuela y a través de los años hemos trabajado juntos en muchos ideales y de muchos anhelos, que gracias a Dios, se han vuelto realidad. Fuimos pioneros en tener una organización de asesoría bibliotecológica que creo e impulso muchas bibliotecas; él con su espíritu de industrial y hombre visionario en los negocios logró aquilatar un conglomerado de empresas de la información, que han sido soporte para la profesión y para la modernización de las bibliotecas. Habiendo tomado dos caminos diferentes en el tiempo nos hemos complementado, dado que Octavio siempre ha estado atento y ha sabido colaborar e invertir capital para sacar a flote productos que hubieran muerto por falta de inversión de los organismos que inicialmente los patrocinaron. Aun seguimos unidos en estos ideales haciendo revistas, cursos, congresos y editando libros para enriquecer el conocimiento de las nuevas generaciones.
JOSE ARIAS ORDOÑEZ
BIBLIOTECOLOGO
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